Para Pablo Picasso, las mujeres eran unas “máquinas de sufrir”. Pero él hacía sufrir a todas sus mujeres.

Un libro español indaga en la capacidad que tenía el artista para destruir a sus parejas. La autora de “Picasso y las mujeres”, la psicóloga y periodista Paula Izquierdo analiza la relación del pintor con las innumerables mujeres que poblaron su vida.

Ejerció todo su poder y todo su desprecio con sus trece esposas, novias y amantes. Todas ellas pasaron por el lienzo, y luego las destruía en carne y pintura. Paula Izquierdo lo cuenta en su libro: “Picasso lo fue todo: misógino, minotauro, arlequín, artista irresistible, embriagador, magnético y, sobre todo, experimentador; si hay algo que determina la personalidad de Picasso es su afán ilimitado por experimentar, no sólo con la pintura, sino también con el ser humano. Sobre todo si éste tenía forma de mujer”, escribió la autora.

Veamos una a una estas relaciones:

Olga Koklova, bailarina Rusa

La madre de Picasso dijo sobre ella: “¡Pobre Muchacha! No sabes bien en dónde te vas a meter. Si yo fuera tu amiga te diría que no lo hicieses bajo ningún concepto. No creo que haya una mujer que pueda ser feliz con mi hijo. Es capaz de darse a sí mismo, pero no a otra persona”.

 

La pintora Francoise Gilot

Françoise, la madre de Claude y Paloma, la mujer que ostenta el raro privilegio de haber sido la única que abandonó a Picasso, y que, por lo tanto, siguiendo la lógica del director James Ivory, el autor del film Surviving Picasso, fue la única que consiguió sobrevivir a Picasso, trasladándose a Estados Unidos, donde terminaría casándose con Salk, el descubridor de la vacuna de la poliomielitis.

 

La fotógrafa surrealista Dora Maar

Una vez que había abandonado a Dora Maar para iniciar sus relación con Gilot, la seguía considerando como parte de su propiedad. En una ocasión estaban cenando entre amigos, entre los que se encontraba Dora Maar con su nueva pareja, y Picasso hizo una escena de celos porque decía que ese hombre no podía tener trato “con una mujer que llevaba su propia marca”.

La fotógrafa Dora Maar estuvo encerrada en un manicomio tiempo después de que él la abandonara, allí inició un tratamiento con electrochoques, embarcando posteriormente en un psicoanálisis prolongado de  la mano de un joven y prometedor psicoanalista, llamado Jacques Lacan.

 

Marie Thèrése Walter

Marie Thèrése Walter era una adolescente que conoció en París cuando ella tenía 17 años y él estaba casado con Olga Koklova. Se encontraban en secreto para no tener problemas con la ley. La relación con Marie Thèrése fue breve y tuvieron una hija. Pero ella siguió escribiéndole durante 30 años. Durante ese lapso fue la única persona que podía cortarle las uñas y el pelo. Ella los guardaba en bolsas clasificadas porque él temía ser objeto de una brujería. Cuando murió el pintor, Marie Thèrése cayó en una profunda depresión, y se suicidó en el garaje de la casa de Picasso de la Costa Azul.

Jacqueline Roque

Su última mujer, Jacqueline Roque, se suicidó con un tiro de escopeta en su casa de Nôtre-Dame-de-Vie después de la muerte de Picasso, porque decía que la vida sin él no tenía sentido. Las últimas fotografías de Jacqueline (que pueden verse en el bellísimo libro de fotografías “Picasso and Jacqueline”) transmiten una tristeza devastadora.

 

 

Su nieta Marina nos recuerda que el pintor un día ya había vaticinado el desastre: “Cuando yo me muera, será como un naufragio, y cuando un gran navío se va a pique, mucha gente a su alrededor es aspirada por el torbellino”. Sus palabras se vieron superadas con creces por la realidad. Escrito por la nieta de Picasso, Marina Picasso, titulado: “Mi abuelo, Pablo Picasso”.

Era también posesivo hasta un grado próximo al sadismo “necesitaba poseer la mujer tanto física como mentalmente, para interiorizar su imagen”, afirma Izquierdo, citando al biógrafo Richardson.

Hay también una película La película “Surviving Picasso” (1991), con Anthony Hopkins, con la que Olano el poeta periodista nacido en Galicia amigo de Picasso no está muy satisfecho. Ninguna modelo que se presentaba en su estudio se le escapaba porque, en definitiva, quedaba atrapaba en su lienzo. Un elemento que el pintor surrealista sabía manejar y convertir en una obra maestra. “Para descrifrar su activa vida personal, amorosa y creativa es elemental dirigirse a sus lienzos. Estos son la memoria de su vida. Efectivamente, toda la obra de Picasso son sus vivencias. No sería necesario conocer los nombres y apellidos de “las mujeres de Picasso” porque todas están en sus lienzos”, señaló.

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