*Por Javier Prieto, alumno del taller de periodismo dictado en la Oficina de empleo de Tigre.

Javierprieto18@hotmail.com

Él, llamémosle Juan, tiene 37 años. El 28 de diciembre del 2014 salió en total libertad. El juez Axel López, ahora destituido de su cargo, le quiso dar la libertad condicional. Pero Juan no quería ir a firmar todos los meses, por eso la rechazó y cumplió sus diez años de condena por la carátula de secuestro expres sumado a otra causa por robo calificado, poblado en banda, portación de arma de guerra y asociación ilegítima.

Juan dice que no se siente reinsertado en la sociedad, hubiera preferido salir con un trabajo. De hecho habló con un familiar para que le consiguiera un trabajo de barrendero, de limpieza en algún lugar, pero ya ni lo reconoce. Ahora está trabajando con su padre de albañil. Le gusta. Se siente bien. Le gusta que la gente lo valore por su trabajo, por hacer las cosas bien. Es ordenado y limpio.

Ya le han hablado para volver a robar. Pero Juan- pongámosle- no quiere saber nada. Siente que se castigó demasiadas veces y que se equivocó más de una vez. Algunas cosas se perdonó, otras no. Sigue consumiendo drogas para poder dormir sin pesadillas.

Estuvo en enfrentamientos. En uno recibió un tiro en el brazo con una Bersa 22 y en otro, un tiro en el pecho con una pistola 9 milímetros. Mas de una vez tuvo miedo de morir estando en libertad y privado de su libertad, también.

La última vez lo agarraron por secuestro exprés. Fue cerca de la estación López Camelo. Redujo a un empresario en Villa Ballester y lo llevó a Ricardo Rojas, en Tigre, a un campo. Lo ató a un árbol y lo dejó. Pidió el rescate que se cobraría en la estación. Fue el cuñado a ver como estaba la cosa y le dijo que no vaya que estaba lleno de civiles. Él fue igual y cuando agarro el dinero lo redujeron.

Recuerda que se le derrumbó todo. Detenido en la comisaria, sentado en un banco de madera, se agarró las manos y se dijo así mismo “otra vez”… y se largó a llorar mientras el abogado le decía que se calmara, que dijera que él no era e responsable. Pero Juan aceptó su error esta vez.

Quiso pedirle perdón al empresario, pero no lo dejaron verlo otra vez.

En la cárcel se extraña todo, dice.

Dentro de su grupo tenían fierros- facas-, pero trataban de estar bien, tranquilos, sin problema. Los otros no los podían ver bien vestidos que ya lo buscaban para pelear. “el fierro atrás”, decía él, pero cuando la cosa iba serio era su vida o la del otro y el fierro ya iba adelante. Ganaba y los demás lo festejaban.

Vio cómo violaron a otros compañeros pero Juan no se metía: cerraba su cortina y pensaba en otra cosa. Vio cómo mucho violadores salían en libertad porque la “dibujaban” con los psicólogos y a los dos o tres meses volvían a reincidir.

Él se levantaba temprano, limpiaba su pabellón, lavaba la ropa, hablaba con los psicólogos contándoles la verdad. Ahora ya está en libertad. Le gusta estar con su familia, reza de vez en cuando, disfruta de jugar a la pelota con su sobrinos, toma mate con sus hermanos, trabaja y se siente bien así.

 

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