*Celina Aste Publicista. Profesora de Inglés. Dicta clases de Literatura y Escritura en inglés en el nivel secundario. Escribe relatos cortos y muy cortos. Publicó su primer libro de brevedades titulado “Todo lo que tenía que crecer” en el año 2012.Noche ajena es un micro inédito que forma parte del segundo libro aún sin publicar.  

Los otros fantasmas hurgaban sobre tumbas roídas; yo deambulaba contra el viento. Traspasé una, dos, diez lápidas. Me detuvo un brillo furioso. Dos iris y una boca se agazapaban sobre un perro muerto y lo lamían. Me produjo escalofríos y me escondí en una fosa. Comencé a marearme. Pensé si sería mi cobardía o el hedor sofocante del nicho. Me pregunté si realmente el perro estaba muerto. De algo estaba seguro: la noche de brujas no era para mendigos. Lo escuché tragar con desenfreno. Sentí náuseas. Salí a buscar otro escondite. Todavía mareada, me deslicé de manera precaria; me oculté mal detrás de una tumba. Había arrastrado por demás la hojarasca. El hombre dejó de lamer y levantó la mirada. Me miró como quien descubre una moneda de oro en la profundidad de un aljibe. A mí me dio pavor verlo abrir la boca. Hilos de baba colgaban de sus labios. Yo los percibí tensos, de acero, capaces de degollar a la más sólida de las víctimas. Una ráfaga gélida sopló desde el sur. Ambos parpadeamos. La noche se volvió más oscura y yo más aliviado. Escuché avanzar el traqueteo infernal. Pude advertirle sobre ellos pero no quise. El mendigo fue descubierto enseguida y devorado con la misma prisa. Agobiado, escapé al séptimo círculo.

 

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